Tomo 1 – Día 5: Templos de Dios
DÍA 5:
TEMPLOS DE DIOS
1. Lee la siguiente cita bíblica:
2 Co 6, 16
16…Nosotros somos el Templo del Dios vivo. Dios lo dijo: Habitaré y viviré en medio de ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
2. Medita y responde:
- Jesús se hizo maldición
Dios quiere habitar eternamente en nuestro cuerpo, alma y espíritu, para hacer de nosotros un santuario de su presencia. En el Antiguo Testamento, Dios dispuso una “tienda del encuentro” para que todo el pueblo acudiera a consultarlo (Ex 33,7-10), luego Salomón construyó un templo glorioso para que habitara la presencia del Señor en el lugar santísimo, a Dios le agradó (1 Re 6,1-29).
Aunque la tienda del encuentro y el templo de Salomón fueron edificaciones majestuosas para el Señor de los ejércitos, el Padre quería redimir a sus hijos para habitar en su corazón, más que en un templo de piedra. Por eso envió a su hijo Jesús para lavarnos con su sangre preciosa, recibir el perdón de nuestros pecados y hacernos dignos de recibir la gracia del Espíritu Santo. Jesús debía morir para crucificar los pecados de la humanidad y resucitar victorioso para derramar sobre nosotros el Espíritu Santo. La Biblia dice: “Esto no lo podía hacer la Ley, por cuanto la carne era débil y no le respondía. Dios entonces quiso que su propio Hijo llevara esa carne pecadora; lo envió para enfrentar al pecado, y condenó el pecado en esa carne” (Rom 8,3).
Gal 3, 13-14
13Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición de la Ley, al hacerse maldición por nosotros, como dice la Escritura: Maldito todo el que está colgado de un madero. 14De este modo la bendición de Abrahán alcanzó a las naciones paganas en Cristo Jesús: por la fe recibimos la promesa, que es el Espíritu.
Con la muerte de Jesús fueron crucificados nuestros pecados y con su sangre hemos sido lavados, lo único que tenemos que hacer es aceptar su sacrificio lleno de misericordia: ¡ésta es una decisión personal! Jesús crucificó el pecado para que tuviéramos la experiencia de convertirnos en templos de Dios, lugar donde habite su presencia.
- El templo de nuestro cuerpo para Dios
1 Pe 1,18-19
18No olviden que han sido rescatados de la vida vacía que aprendieron de sus padres; pero no con un rescate material de oro o plata, 19sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha ni defecto.
La Biblia nos enseña que fuimos comprados por un alto precio (1 Cor 6,20), y el apóstol Pedro nos confirma que tal precio fue la misma sangre del cordero de Dios que destruyó el pecado. Esta redención no sólo actúa en el ámbito espiritual, sino en todas las dimensiones de la vida humana. Jesús nos salvó de manera integral y quiere que el Espíritu Santo se una a nuestro espíritu para dar testimonio de su presencia en nuestra vida; quiere sanar nuestra alma cambiando nuestra mentalidad, restaurando nuestras emociones heridas y configurando nuestra voluntad con la voluntad del Padre; por último, desea que nuestro cuerpo físico sea el templo donde mora el Espíritu Santo en cada uno de sus hijos, por eso Jesús dijo en el Evangelio:
Jn 2,19-21
19Jesús respondió: “Destruyan este templo y yo lo reedificaré en tres días. 20Ellos contestaron: “Han demorado ya cuarenta y seis años en la construcción de este templo, y ¿tú piensas reconstruirlo en tres días?” 21En realidad, Jesús hablaba de ese Templo que es su cuerpo
Jesús sabía que iba a crucificar el pecado de todos los hombres y que después reconstruiría nuestro templo con el poder del Espíritu Santo; esta experiencia era para transmitirla a todos aquellos que aceptaran su salvación y fueran redimidos, la escritura dice: “El que está en Cristo nueva criatura es” (2 Cor 5,17). Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos y no podemos hacer con nuestro cuerpo lo que queramos: pertenecemos a Dios y Él quiere habitar en nosotros.
Tristemente, son muchos los que no saben o no entienden el valor que tienen para Dios, pasan por la vida autodestruyéndose por medio de vicios, pecados y excesos que no satisfacen el corazón, es más, ven en su existencia una carga pesada llena de sinsabores y pruebas que no les permite encontrar plenitud. El mundo nos ofrece un panorama de estándares sociales, culturales, económicos, de moda y belleza que destruyen la autoestima de muchas personas, sometiéndolas a vicios que esclavizan. No podemos caer en las redes del mundo que destruyen la dignidad humana; Cristo nos ha hecho libres de manera integral y nuestro propio cuerpo debe ser consagrado a Él como morada del Espíritu. Nadie que se ame profundamente destruye su propio cuerpo, por eso la Escritura dice:
1 Co 6, 18-19
18Huyan de las relaciones sexuales prohibidas. Cualquier otro pecado que alguien cometa queda fuera de su cuerpo, pero el que tiene esas relaciones sexuales peca contra su propio cuerpo. 19¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios y que está en ustedes? Ya no se pertenecen a sí mismos.
¿De qué forma debes cuidar tu cuerpo para consagrarlo a Dios?
3. Aplicación práctica:
Teniendo presente que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, haz un balance de algunos aspectos que debes cuidar diariamente:
4. Oración:
Espíritu Santo, quiero experimentar tu presencia de manera más especial en mi vida; deseo que vengas a morar en mi cuerpo, como ese lugar santísimo. Toma tu lugar en mi vida. Si ves que hay impurezas a causa de los ídolos ante los que me he postrado, te pido que me purifiques con tu fuego abrasador, que consumas en mi corazón todo lo que no me deja construir para ti un altar de adoración.
Elevo mi corazón al Padre, en el nombre de Jesús y por tu fuerza Espíritu Santo, como una ofrenda viva de adoración. Quiero consumirme en el fuego para que se incendien los corazones de todos aquellos que me rodean: mi familia y amigos, todos los que ocupan un lugar importante en mi vida. Que las llamas de tu fuego se expandan y arda poderosamente en mi alma. Esta es tu voluntad, pues has dicho: “He venido a traer fuego a la tierra y cuanto quiero que arda” (Lc 12,49).
Así como tu presencia estuvo en la tienda del encuentro e invadió el templo de Salomón, pues fue agradable a tus ojos, que tu unción poderosa destruya todo lo que hay en mi cuerpo, alma y espíritu que no sea de tu agrado. Que la Gloria Shekina descienda sobre mi vida.
Madre santísima, la Gloria de Dios te cubrió con su sombra y fue concebido en tu seno el salvador del universo, intercede para que la Gloria de Dios venga sobre mi vida y fecunde su Palabra de amor en mí, para dar mucho fruto.
Amén.
“María Mediadora, ruega por nosotros”. Amén.
CITA BÍBLICA PARA MEMORIZAR
1 Co 6, 20
20Ustedes han sido comprados a un precio muy alto; procuren, pues, que sus cuerpos sirvan a la gloria de Dios.