Tomo 1 – Día 2: No escondas tus talentos
DÍA 2:
NO ESCONDAS TUS TALENTOS
En cierta ocasión escuchamos la historia de un hombre que, cada vez que oraba, terminaba enfadado con el Señor, pues sentía que Él no lo escuchaba; diariamente le pedía la restauración de su economía, pero se angustiaba fácilmente por no ver una respuesta inmediata. Un día, en medio de la oración, el Señor le dio una lección por medio de la siguiente cita bíblica:
“Sucederá también con el reino de los cielos como con un hombre que, estando a punto de irse a otro país, llamó a sus empleados y les encargó que le cuidaran su dinero. A uno de ellos le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil y a otro mil: a cada uno según su capacidad. Entonces se fue de viaje. El empleado que recibió las cinco mil monedas hizo negocio con el dinero y ganó otras cinco mil monedas. Del mismo modo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. Pero el que recibió mil fue y escondió el dinero de su jefe en un hoyo que hizo en la tierra.”
Mateo 25, 14-18
Al terminar la lectura bíblica, aquel hombre se sintió confrontado, pues descubrió que Dios le había dado muchos talentos para administrar, pero que él se había llenado de temor y los había escondido, como lo hizo el empleado que recibió las mil monedas. ¡Este momento fue bastante revelador! Por primera vez, en lugar de quejarse o sentirse menos que otros, tomó papel y lápiz para proyectar su idea de negocio, porque era muy creativo para las manualidades. No fue fácil empezar, pero Dios le dio sabiduría para continuar emprendiendo.
Si haces un listado de los talentos que tienes, podrías sorprenderte. Pese a lo anterior, debes revisar qué tanto los valoras, los usas y le sacas provecho. ¿Crees que Dios te entregó tantos dones para que los escondas? ¡Jamás! Él puso una caja de herramientas en tu vida para que, guiado por el Espíritu Santo, hagas de ellas las mejores obras. No te acobardes ni escondas las riquezas que puso Dios en tus manos, al contrario, “sé fuerte y valiente”, así como está escrito en Josué 1 , 6.
Ya sea que estés estudiando, tengas muchas labores o te encuentres desempleado, pídele al Señor que te permita ver lo mejor que hay en ti, para que cada uno de tus actos sean luz y esperanza para muchas personas. Cuando alguien descubre los talentos que tiene, se siente bendecido; cuando una persona reconoce que Dios le ha equipado de virtudes y gracias, adquiere un lenguaje de gratitud y vive contento, porque sabe que “todo lo bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo” (Santiago 1 , 17).
Aprende a vivir bajo la ley de los talentos y, en lugar de compararte con otros, harás proezas con todos los recursos que el Señor te entregó. Que cuando Dios te pida cuentas de lo que hiciste con sus recursos, puedas escuchar sus anheladas palabras: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.” (Mateo 25,21 )
Dios hará grandes cosas en tu vida, te dará nuevos talentos y serás bendecido en gran manera. Sin embargo, recuerda que tus talentos, aparte de contribuir a tu bienestar, sirven para darle la gloria a nuestro Dios. No dejes de agradecerle por todo lo que te brinda, pues muchos, cuando explotan sus talentos, se creen más sabios que el Dador de los talentos. Recuerda lo siguiente:
“Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y él te llevará por el camino recto. No te creas demasiado sabio; honra al Señor y apártate del mal: ¡ésa es la mejor medicina para fortalecer tu cuerpo!”
Proverbios 3, 5-8
Acto de reconocimiento:
Como acto de gratitud y reconocimiento, piensa en los principales talentos que Dios te ha dado, en las bendiciones que ha traído a tu vida y en lo que debes hacer para fortalecerlas:
Oración:
Padre Celestial, te doy infinitas gracias por bendecirme con tantos talentos. Me creaste a tu Imagen y Semejanza y pusiste en mi interior cada uno de tus rasgos, entre ellos la creatividad, sabiduría e inteligencia. Gracias, mi Señor, creador de todo cuanto existe, porque no vacilaste a la hora de impregnarme de bondades y favores.
Perdóname, Señor, porque en muchos momentos he desaprovechado los talentos y oportunidades que me brindas. Hoy reconozco que me debo esforzar más, ser diligente y recursivo, pues no me diste tantas gracias para esconderlas, sino para administrarlas de la mejor manera. Si tantas personas han llegado lejos, a pesar de sus carencias y limitaciones iniciales, ¿cómo no lograr lo mismo, si soy tu hijo?
Espíritu Santo, que tu presencia me acompañe en cada labor que emprendo. Dame una mente creativa para aprovechar más los talentos que recibí del Padre. ¡Úngeme! ¡Acompáñame en todo lo que emprendo! Permite que muchos sean bendecidos por medio de mis talentos. Amén.
Responsabilidad en el uso de los talentos:
“Se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios” (Conferencia de los Obispos católicos del sur de África. Pastoral Statement on the Environmental Crisis (5 septiembre 1999).
“Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades” (S.S. Francisco. Carta Encíclica Laudato sí. Sobre el cuidado de la casa común. Número 14)