Tomo 1 – Día 5: Una vida en obediencia, sin tacha
DÍA 5:
UNA VIDA EN OBEDIENCIA, SIN TACHA
En cierta ocasión, un líder se encontró con una mujer que había realizado los seminarios de formación básica de la comunidad, pero que hace algunos meses no asistía a los espacios de oración. Aquel hombre la saludó de manera efusiva y le preguntó: ¿Por qué no has vuelto? Ante dicha pregunta, ella respondió: “Estoy castigando al Señor, porque aún no me bendice; además, siento que exige mucho”.
La respuesta anterior suena irreal o fuera de tono, pero es más común de lo que pensamos. Tristemente, algunas personas buscan al Señor solo para que les bendiga en algún área de su vida y si ven que tarda la respuesta optan por apartarse. Peor aún, algunos buscan al Señor porque requieren un milagro, pero no les interesa un cambio de vida o que Dios interfiera en sus proyectos personales.
En medio de la conversación, dicha mujer comprendió que la vida cristiana va más allá de obtener una gracia o un milagro particular, que Dios está interesado en restaurar cada área de su vida y, como padre, le pide obediencia y un corazón rendido, así como está escrito en Deuteronomio 30, 1 6: “Si obedecen lo que hoy les ordeno, y aman al Señor su Dios, y siguen sus caminos, y cumplen sus mandamientos, leyes y decretos, vivirán y tendrán muchos hijos, y el Señor su Dios los bendecirá en el país que van a ocupar” (Deuteronomio 30:1 6).
A pesar de los temores iniciales, aquella mujer dio un paso al frente y decidió entregarle por completo su vida al Señor; antes lo buscaba por interés, pero ahora lo hace porque quiere agradarle, obedecer sus mandatos y alcanzar la vida eterna. En la medida que camina con Él y se esfuerza por hacer su voluntad, su corazón está más preparado para recibir las gracias y favores que vienen del Cielo. Allí se cumple lo que está escrito en el Evangelio según San Mateo (6,33): “33 Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas”.
Si obedeces…
“Sigan el camino que el Señor su Dios les ha señalado, para que les vaya bien y vivan muchos años en la tierra que él les va a dar en propiedad.”
Deuteronomio 5, 33
Si eres padre, madre o cuidador, es posible que hayas utilizado en muchas ocasiones la frase “si obedeces…”, como requisito para dar un permiso, conceder un favor o garantizar un regalo en particular; como hijo, es posible que tengas en mente muchas de las ocasiones que escuchaste dichas palabras, aunque en ciertos momentos te hayan incomodado. Así como la obediencia cobra valor en esta tierra, aplica en gran manera en nuestra relación con Dios, tal como está escrito en el libro de Deuteronomio, el cual meditamos en párrafos anteriores.
El Rey David se esmeró durante toda su vida por agradar al Señor y obedecerle, pese a sus limitaciones humanas y equivocaciones; dichos actos de amor fueron valorados profundamente por el Señor, quien no dudó en compensarlo con tantas riquezas, fama y distinción. Al conocer todas las bondades que trae una vida sin tacha, quiso dejarle a su hijo Salomón este legado, por eso, antes de morir, le expresó lo siguiente:
“Cumple las ordenanzas del Señor tu Dios, haciendo su voluntad y cumpliendo sus leyes, mandamientos, decretos y mandatos, según están escritos en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas.”
1 Reyes 2, 3
El testamento espiritual que dejó el Rey David a su hijo Salomón también es para ti, por tanto, medita en esta palabra una y otra vez. Si Dios te ha bendecido de tantas maneras, ¿te imaginas cuánto crecerán tus bendiciones si creces en obediencia? Cuando Dios percibe que en tu corazón hay un fuerte deseo por agradarlo, a pesar de tus luchas y limitaciones, Él te fortalece y te da la gracia para avanzar, así como lo hizo en la vida del Rey David.
Cuando Dios encuentra a una persona obediente, no solo le bendice en todo lo que hace, sino que decide morar en él para siempre. Ten presentes las palabras de nuestro Señor Jesucristo: “El que me ama, obedecerá mi Palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda el Él” (Juan 1 4, 23).
En conclusión: el que obedece llega muy lejos, tanto en la tierra como en la eternidad.
Acto de obediencia:
Consciente del gran valor que tiene una vida de obediencia, sin tacha, es tiempo de identificar qué situaciones necesitas alinear conforme a la voluntad de Dios. En actitud de oración, pídele al Señor que te muestre en qué aspectos eres desobediente, dónde estás fallando y qué debes hacer para mejorar. Siéntete libre de escribir lo que ponga el Señor en tu corazón:
Oración:
Señor Jesús, no me alcanzan las palabras para agradecerte por tus bondades, pues eres muy generoso conmigo, a pesar de mis pecados. Hoy no quiero pedirte bienes o riquezas, sino un corazón puro, santo y bondadoso; hoy no te pido favores, sino la gracia de honrarte siempre, pues quiero obedecerte y tener una vida intachable. ¿Qué gano con tener todas las riquezas de este mundo, si pierdo la vida? ¿De qué sirven las riquezas de este mundo, si mi corazón está lejos de ti? Dios mío, enséñame a honrarte siempre, porque quiero ser santo. Amén.
Para meditar:
“El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: “Camina en mi presencia y sé perfecto” [3]
[3] S.S. Francisco. Exhortación Apostólica. Gaudete Et Exsultate. Sobre el llamado a la Santidad en el mundo actual. 201 8. Número 1 .