Tomo 1 – Día 6: Manifestaciones de la bendición del Señor
DÍA 6:
MANIFESTACIONES DE LA BENDICIÓN DEL SEÑOR
Cuando leemos los Evangelios descubrimos que a Jesús le gusta sorprender a su gente. La mayoría de sus actitudes, gestos y palabras eran inesperadas; sus milagros, señales y prodigios ocurrían sin previo aviso. Aunque los discípulos conocían tanto a Jesús, en el momento menos pensado podía efectuar un gran milagro.
Querido hermano, si decidiste caminar con Jesús, permite que Él te sorprenda en todo momento. Tal vez estás a la espera de un nuevo trabajo, un aumento salarial, una beca de estudio o un crédito para el apartamento; de ser así, ten presente que el Señor ya sabe cómo efectuar su milagro. No te impacientes con Jesús ni le digas cómo hacer el milagro; mientras esperas sus bendiciones, confía más, ríndete más y déjate sorprender.
Hace algunos años, una líder de la comunidad fue recomendada para un trabajo. Cuando fue a la institución para llevar la hoja de vida, le dijeron que se había equivocado de lugar; efectivamente, no estaba en el lugar esperado. Pese a su equivocación, le pidieron que dejara su hoja de vida, por si en algún momento había una vacante. Al otro día, de manera sorprendente, fue contratada en dicho trabajo, con mejores condiciones económicas que en la institución donde la habían recomendado.
En dicho testimonio es más que clara la intervención sobrenatural del Señor, quien se vale de una equivocación para hacer un milagro; quien se encarga de gestionar un empleo y de abrir nuevas puertas para sus hijos, sin importar la tasa de desempleo o que no hayan vacantes. Definitivamente, Jesús sabe sorprender a su pueblo con cada uno de sus milagros; permanece atento a nuestras necesidades.
Jesús es muy creativo para bendecir
En el Evangelio según san Mateo (1 7, 24-27) encontramos una historia que reitera la creatividad del Señor para obrar un milagro. Presta atención:
Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaúm, los que cobraban el impuesto para el templo fueron a ver a Pedro, y le preguntaron: —¿Tu maestro no paga el impuesto para el templo? —Sí, lo paga —contestó Pedro. Luego, al entrar Pedro en la casa, Jesús le habló primero, diciendo: —¿Tú qué opinas, Simón? ¿A quiénes cobran impuestos y contribuciones los reyes de este mundo: a sus propios súbditos o a los extranjeros? Pedro le contestó: —A los extranjeros. Jesús añadió: —Así pues, los propios súbditos no tienen que pagar nada. Pero, para no servir de tropiezo a nadie, vete al lago, echa el anzuelo y saca el primer pez que pique. En su boca encontrarás una moneda, que será suficiente para pagar mi impuesto y el tuyo; llévala y págalos.”
Mateo 17, 24-27
Jesús no es ajeno a las necesidades de la vida cotidiana. Si fue tan íntegro a la hora de pagar un impuesto, aunque no fuera su responsabilidad, también es coherente cuando piensa en nuestros requerimientos humanos: alimentación, trabajo, vivienda, impuestos, entre otros. Como verdadero hombre, conoce qué es lo necesario para vivir; como verdadero Dios, dispone de todos los medios creados para efectuar un milagro. ¿A quién se le ocurre pensar que en la boca de un pez se encontraría una moneda para pagar un impuesto? A Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores.
Dicha historia no es literatura fantástica, sino una muestra clara y contundente de lo que hace Jesús por aquellos que lo aman. Si Jesús es el mismo “ayer, hoy y siempre” (Hebreos 1 3, 8), Él sigue utilizando medios creativos para obrar en favor de su pueblo, aunque parezcan increíbles o sorprendentes. Ten presentes los siguientes testimonios:
- Una mujer inició este seminario junto a su madre, y en el primer encuentro le presentó al Señor su necesidad de un automóvil. Ella estaba lista para realizar los trámites de consecución, pero no fue necesario porque, a los pocos días, su hermano mayor le regaló un carro. Ella y su madre, llenas de gratitud, dieron testimonio en el grupo de oración.
- Un hombre tuvo que realizar un imprevisto viaje al exterior, pero no contaba con los recursos suficientes para la salida del país; gracias a ciertas gestiones pudo reunir una parte del dinero, pero dependía del salario de ese mes para solventar los gastos, sin embargo, dicho pago fue retrasado. Un día antes del viaje, aquel hombre se puso de rodillas y le dijo al Señor: “Padre, si es tu voluntad, dispón los medios precisos para obtener los recursos que me faltan”. Terminada su oración, recibió la llamada de uno de sus amigos, quien le dijo: “estaba orando y el Señor te puso fuertemente en mi corazón, ¿necesitas algo?” Dios se valió de aquel hombre para proveerle lo que faltaba para su viaje.
- Hace algunos años, dos jóvenes recorrían gran tramo de la ciudad para asistir a su grupo de oración, pues no contaban con los recursos para el transporte. Un día, terminado el grupo de oración, estaba lloviendo muy fuerte, por eso tuvieron que esperar hasta que escampara, y se hizo tarde. Como no tenían celular, llamaron desde un teléfono público para anunciar que llegarían tarde a casa; sin embargo, cuando colgaron, el teléfono arrojó una sorpresiva cantidad de monedas, que era el monto requerido para un servicio de taxi.
Como verás, cada historia es un reflejo de la bondad y la misericordia del Señor, por eso no debes dudar de sus proezas. Ahora, en las tres historias percibimos fe, entrega, sacrificios y renuncias por amor a Jesús, lo cual nos enseña que, mientras clamamos al Señor para que nos bendiga, debemos tener un corazón dispuesto y entregado a Él. Si aquella mujer le consagró a Jesús su deseo de un automóvil, si aquel hombre se acogió a la voluntad de Dios para saber si viajaba o no, si aquellos jovencitos caminaban con tanto amor para llegar a su grupo de oración, ¿qué estás dispuesto a realizar para que Dios te bendiga?
“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se darán por añadidura”.
Mateo 6, 33
Señor Jesús, obra como quieras
La síntesis de esta semana es más que clara: mientras nos encargamos de lo natural, confiamos en la obra sobrenatural de nuestro Dios.
Conscientes de este principio de vida, escríbele una carta al Señor, donde le expongas cada una de tus necesidades, sueños y deseos más profundos. Mientras escribes, permite que el Espíritu Santo te llene de valentía, fuerza y confianza; de igual manera, recibe el valor y la firmeza que trae el Señor, porque muchas de las bendiciones dependen de tu perseverancia en la oración y de la rectitud de vida.
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Durante la próxima semana reflexionaremos acerca de “la bendición de Dios en el trabajo”. ¡Será de gran bendición para ti!